Propósitos para el 2017: cocinar más

Es habitual que al comenzar un nuevo año, pensamos en qué objetivo nos podemos proponer y cumplir en los meses que vienen. Es habitual pensar en bajar de peso, comiendo más sano y ejercitándonos más. También es usual marcarlo como prioridad y con el paso de los días, dejarlo en el olvido.
Creo que para no sentir la frustración de proponernos algo y luego no cumplirlo, lo mejor es bajar las expectativas y pensar en algo que sí sea factible. Hace algunos años, me propuse, un día cualquiera, aprender a cocinar y creo que eso marcó un antes y un después en mi alimentación. Por eso, me hizo sentido un post que encontré en la revista online Vox donde planteaban las ventajas que puede generar volcarnos a la cocina.
Coincido en todas las apreciaciones que se hacen en ese artículo y las quiero sintetizar en los siguientes puntos:
  • El primera paso es decidir qué queremos aprender a cocinar y quién nos puede enseñar. En mi caso no tuve que pensar mucho porque al ser diagnosticada con diabetes insulino dependiente, inmediatamente mi nutricionista me explicó que mi dieta debía ser equilibrada en hidratos de carbono, lo que implicaba que mi fuerte debían ser las frutas, verduras, granos integrales y carnes magras. ¿Ahora quién podía enseñarme? Mi mamá. Ella fue quien se reeducó en técnicas de cocina cuando me diagnosticaron, por tanto fue ella quien me traspasó sus trucos (cómo cocer los alimentos en su punto, privilegiar freír en agua en vez de aceite, el uso del horno por sobre la sartén, etc.)
  • Internet puede ser la solución para aprender. Hay videos en youtube, blog de cocina con tutoriales online, facebook e instagram con sugerencias apetitosas y un sinfín de opciones para aprender. Ahora no es necesario tener un cuaderno de recetario o investigar con un chef experto en cómo convertir las onzas en kilos, porque todo está en un click.
  • Siempre lo que cocinemos será más sano que lo que nos venden: que algo sea sano pasa por la elección de los ingredientes y la forma de cocción. Siempre me ha funcionado lo simple que es partir con las verduras cocidas o salteadas. Cuando uno descubre cómo se trabajan las papas, zapallos, zapallitos italianos, zanahorias, brócolis, diente de dragón, cebollín, cebolla blanca y morada, acelgas, espinacas, etc, podemos empezar a mezclar con carnes (pollo, carne roja, pescado, pavo) o legumbres. La experimentación es la clave. Pasa que cuando volvemos a un restorant somos más críticos y nos fijamos si el plato está sobrecondimentado o mal preparado. Cuando aprendemos a hacer nuestra propia comida el gusto por la comida rápida baja y tendemos a valorar más lo natural, lo que es especial y cuidado.
  • Cocinar nos ayuda a controlar porciones e ingredientes: al cocinar somos más concientes de las porciones. No es lo mismo que nos llegue un plato servido a la mesa que montar un plato nosotros mismos. Cuando sabemos cómo los alimentos fueron preparados entrenamos nuestro ojo para saber qué es más o menos calórico, y en función de ello decidimos cuánto poner en el plato.
  • Saber elegir lo adecuado nos ayuda a ahorrar: cuando nos habituamos a cocinar y a organizar esa comida para la semana (ubicándola en contenedores en el refrigerador), podemos a llegar a ahorrar de manera significativa. Comer fuera de casa todos los días es un gasto significativo, por lo que planificar cuánto gastaremos en alimentación a la semana cocinando nosotros mismos, es un gran ahorro. Es cosa de hacer el ejercicio.

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