Madres obesas, hijos obesos. Madres con bypass, hijos…

Dentro de los diversos estudios que reviso a diario, me llamó la atención esta semana uno que fue publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Science, en el que se analizó cómo las madres que se han sometido a una cirugía bariátrica pueden influir en el estado nutricional de sus hijos.
A simple vista parece obvio que los padres transmiten sus genes a sus hijos. No en vano se dice que somos el reflejo de nuestros padres. Si alguno de ellos es obeso, nacemos con un porcentaje importante de probabilidades de serlo. Pero ¿qué pasa si una madre obesa se opera y luego queda embarazada? Diremos que ello no influirá los genes que ella transmitirá y por lo tanto, sus hijos también tenderán a ganar kilos. Un estudio demostró que esto es incorrecto.
Profesionales de la Universidad Laval en Quebec, Canadá, liderados por la doctora Marie-Claude Vohl, estudiaron a 20 mujeres obesas que se habían sometido a un bypass gástrico. Éstas habían sido madres antes y después de la cirugía. De hecho se evaluó el estado nutricional de 50 menores, 25 nacidos antes de la cirugía y 25 después.
La lógica diría que una madre que tuvo un niño estando obesa y otro luego del procedimiento quirúrgico, tendrían la misma probabilidad de ser obesos, pero eso no es así. Los científicos descubrieron que los segundos tenían mejores condiciones metabólicas.
Luego de medir casi 6 mil genes, identificaron que los nacidos tras la cirugía tenían menos marcadores relacionados con enfermedades glucoreguladoras, inflamatorias y vasculares. Ello ocurriría porque los factores de riesgo dentro del útero parecen  afectar los reguladores que desarrollan los genes del feto. Así si la madre está saludable, aunque antes no lo haya estado, su condición de salud permitirá que su futuro hijo sea saludable.
Este estudio permite enfatizar la necesidad que las mujeres mantengan un estado nutricional normal, de manera que cuando se embaracen, sus hijos puedan formarse en las mejores condiciones. Esto sería clave junto con la educación nutricional que debe inculcarse desde que los menores comienzan a alimentarse con papillas.

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