Estrés:¿comes o dejas de comer?

Siempre me ha llamado la atención las personas que dejan de tener hambre cuando están en una situación estresante, eso porque a mi me pasa lo contrario, siento más ganas de comer en esos casos.
Estuve investigando el tema y me topé con muchísimos estudios que analizan más menos lo mismo: la relación entre la ingesta de alimentos y las emociones, y particularmente, cómo la actitud frente a la comida influye en la reacción que se desencadena cuando estamos bajo presión.
En simple, por ejemplo, la gente como yo que tiene la necesidad de comer cualquier cosa, mejor si es dulce, cuando está estresado por distintas razones (trabajo, familia, etc) respondería al prototipo de aquellos que vivimos habitualmente la comida desde la restricción. Eso quiere decir que en esos momentos en que es más difícil tener todo bajo control, nuestro inconsciente se desataría comiendo que es lo que habitualmente estamos evitando hacer.
En mi caso tiene mucho sentido porque cuando estoy descompensada siempre siento hambre y medirme la glicemia me recuerda que debo comer tal cosa o evitar comerla para estabilizarme. Vivir, en cierta manera, en función de el azúcar en la sangre implica vivir en función de la comida y específicamente, de los hidratos de carbono; y a la larga todo ello genera estrés.
En contraposición, aquellos que no sienten hambre en situaciones de stress serían personas que no viven habitualmente con el modelo de restricción. 
En otras ocasiones hemos hablado acerca del enfoque intuitivo que manda comer sólo cuando tenemos hambre, y no hacerlo, cuando no sentimos ganas más allá de los horarios establecidos. Y más allá de las horas de comida, este enfoque también se aplica a la elección de alimentos. Al parecer, las personas que comen intuitivamente no se comen todo lo que tienen a mano en circunstancias complejas. 
Seamos unos y otros, creo que lo más importante es establecer una relación con los alimentos armoniosa. Si como yo saben que la presión los obliga a tragar chocolate, lo mejor es tener a mano productos más saludables que esa grasa dulce. Ello porque la tentación es fuerte, y siempre será mejor prevenir que curar.

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