"Como cuando tengo hambre"

El llamado enfoque “sin dieta” se ha puesto de moda. Después de décadas probando cuanta dieta existe, las mujeres, principalmente, han comenzado a entender que mientras más dietas se hacen, más se engorda. Por ello, el “escuchar el cuerpo” ha captado adeptas y comer intuitivamente se ha vuelto consigna.
Recuerdo que cuando era niña me calificaban de “mañosa” porque rechazaba la comida si no tenía hambre. Eso de comer con horarios es de adultos, por lo que para los niños comer cuando no tienen hambre, pero deben hacerlo porque ya es hora, es un problema.
Bajo la misma lógica, cientos de mujeres han dejado atrás las dietas. Esa fue la conclusión de un estudio realizado por la Brigham Young University que se dio a la tarea de evaluar las motivaciones que tenían las personas a la hora de comer, el esquema que habían adoptado como pauta alimenticia y su Índice de Masa Corporal (IMC).
Fue así como se comprobó que aquellos que comen sólo cuando realmente tienen hambre suelen presentar un IMC menor, porque presentan menores niveles de ansiedad frente a la comida. Suena fácil pero no lo es. Escuchar el cuerpo, es decir, el estómago, no es fácil en una sociedad que nos ha condicionado para comer tres veces por día y que en cada segundo se nos bombardea con comida rica en sal, azúcar y grasa, generándonos sensación de hambre falsa.
De acuerdo a lo que manifestó la profesora Janet Polivy de la Universidad de Toronto y autora del libro “Rompiendo el hábito de la dieta“, el llamado “comer intuitivo” explica por qué algunas personas mejoran su alimentación entendiendo que los productos naturales son demandados por el cuerpo porque éste se siente mejor cuando los ingiere.
Esta es la típica situación cuando hacemos algún tipo de régimen luego de enfermarnos del estómago. Luego de unos días de desintoxicación sentimos con claridad qué nos cae bien y qué no. La invitación es entonces a identificar qué nos hace bien y qué no. No se trata de obligarse a dejar las golosinas, sino de probar qué paso cuando las dejamos de comer con regularidad y las reemplazamos por fruta, por ejemplo.
Perder peso puede ser el objetivo secundario de este enfoque, porque acá la prioridad es sentirse bien con lo que comemos. Les aseguro que cuando aprendemos a comer las cosas que realmente nos hacen bien, la pérdida de peso viene por añadidura.

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