Sí, pero no

Siempre se dice que las personas responden las encuestas en forma “políticamente correcta”. Ello porque dicen lo que se debe decir y no lo que de verdad lo que piensan. 
En ello pensé cuando leí el resultado de una encuesta que hizo el gobierno norteamericano donde se consultaba respecto a las intervenciones saludables que se han impulsado los últimos 10 años. Tal vez sea desconfiada, pero que el clásico “sí, pero no” está presente en este estudio.
Entremos en materia. Sabemos -y lo he comentado en muchas ocasiones- las múltiples estrategias que han impulsado los gobiernos estatales y federales para reducir los índices de obesidad en la población infantil y adulta. Hablamos de publicar las calorías en los menús, reducir la sal y grasa de la comida industrializada, aumentar las horas de ejercicio en los colegios, eliminar las máquinas expendedoras de bebidas y golosinas en las escuelas, reducir el tamaño de las bebidas con azúcar, etc, etc, etc.
Se ha hecho mucho, pero hasta ahora no se conocía la opinión de los intervenidos, no al menos desde el punto vista formal que implica la implementación de una política pública. El caso es que la Escuela de Salud de la Universidad de Harvard -una de nuestras fuentes habituales- publicó el resultado de una encuesta aplicada a casi dos mil norteamericanos.
A éstos se les consultó su opinión respecto a distintos programas, desde el más propositivo al más impositivo, indicando su respaldo o rechazo. Luego éstas fueron analizadas por especialistas de la facultad que concluyeron que efectivamente la población en general respalda los esfuerzos gubernamentales, pero prefiere que la intromisión en su vida privada sea lo menor posible.
El tema no es nuevo. ¿Recuerdan cuando el Tea Party criticó el programa Let’s Move por considerar que Obama no era quien para decir qué se podía comer? Bueno, esto habla de ello. Las personas reconocen que es bueno saber qué comer, pero prefieren que ello quede en la plano de las recomendaciones y no de la órdenes. 
Por ejemplo, los encuestados se mostraron favorables a  introducir más ejercicio en las escuelas, bajar los costos de frutas y verduras, publicar las calorías de los platillos en los restorantes, reducir las grasas trans de los alimentos que expenden cadenas de fast food o prohibir el uso de cupones de descuentos en la compra de bebidas azucaradas.
Distinto fue el caso de programas más impositivos como sacar de las escuelas refrescos y golosinas de los quioskos y cafeterías, elevar los impuestos a productos altos en grasa, sal y azúcar o incrementar las pólizas de salud de las personas con sobrepeso u obesidad.
El sí pero no, se hace evidente cuando las medidas gubernamentales afectan nuestra libertad. Comer es considerado un ejercicio de esta libertad, de allí que la diferencia de criterios se haga evidente en la citada encuesta.

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