¿El tiempo pasado fue mejor?

Siempre he escuchado el dicho “el tiempo pasado siempre fue mejor”. Todo el tiempo estamos añorando lo que fue, pero en términos nutricionales, ¿el tiempo pasado fue mejor?

Un estudio publicado en la edición de febrero de 2013 de la revista JAMA Internal Medicine, parece indicar que sí, pero ello no sería absoluto. Esta respuesta me motiva a pensar que la crisis de la obesidad podría detenerse algún día si somos capaces de tomar conciencia respecto a lo importante que es cuidar nuestra salud desde los distintos aspectos, sin descuidar uno de los más relevantes: la nutrición.
La investigación fue realizada por la doctora de medicina familiar de West Virginia University School of Medicine, Dana King, quien analizó los resultados de las National Health and Nutrition Examination Survey, instrumento que utiliza el gobierno norteamericano para medir la condición de salud de su población. En particular, los registros de los años 1988 a 1994 y los de 2007 al 2010.
La idea era estudiar qué condición de salud tenían las personas de entre 46 a 64 años en dichos tramos. Ello considerando el llamado “baby boomer“, fenómeno que se dio en Estados Unidos entre 1946 y 1964, donde hubo una explosión demográfica responsable del nacimiento de 78 millones de niños. El objetivo era identificar la salud de esa generación y de la anterior a ella, de manera de observar diferencias y similitudes.
Los chicos del baby boom eran los adultos que tenían entre 46 y 64 años y que contestaron las encuestas realizadas entre 2007 y 2010. Éstos respondieron aspectos relacionados con la presencia de ciertas enfermedades y la percepción de bienestar físico. A su vez, la generación anterior hizo lo propio.
Las conclusiones indican que las personas nacidas con antelación presentaban una mejor salud y se sentían más saludables que los del baby boom. Estos últimos tendrían un mayor colesterol, obesidad y enfermedades no transmisibles como hipertensión arterial. Esta situación estaría relacionada con diversos factores, entre ellos el apogeo de la industria alimentaria (comida industrializada alta en sal, grasa y azúcar).
Hoy las cosas no tiene por qué ser iguales. Hoy tenemos diversas herramientas para hacer frente a la publicidad de fast food. Esta generación y las que vienen no tienen por qué repetir los errores de las anteriores. La educación nutricional resulta clave en un mundo donde “comer y comer” no debiera ser la consigna.

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