Dietas y salud cardiovascular

A mediados de diciembre de 2012 leí una columna que me llamó mucho la atención. Salió publicada en The Huffington Post y hacía referencia a una investigación de larga data que demostraba que hacer dieta por muchos años, aunque implique no recuperar ni medio gramo de lo perdido, no era beneficiosa para la salud cardiovascular.

Cualquier seguidor del tema nutricional sabe que cambiar los hábitos nutricionales no se relaciona con entrara en un vestido el fin de semana. Para eso están las dietas. Cambiar los hábitos implica mejorar nuestra salud, es decir, disminuir la aparición de patologías y controlar aquellas que ya podrían estar presentes.  Y sobre todo mejorar aquella salud que pasa por el corazón (Enfermedades Cardiovasculares ECV).

El caso es que 16 centros del National Institute of Health (NIHde Estados Unidos analizaron la salud de más de cinco mil personas, la mayoría de las cuales tenía algún grado de sobrepeso y presentaba Diabetes Meliitus 2 (DM2). Los voluntarios fueron divididos en dos grupos. Al primero se les hizo una intervención intensiva con el fin de mejorar la calidad de la alimentación y promover el ejercicio a diario. El segundo grupo no recibió tales consejos.

Se pudo comprobar que aún cuando los intervenidos habían reducido su peso corporal en un 8% en el primer año, y mantenido una baja de un 5% en los cuatro años posteriores, no habían podido reducir la incidencia de ataques cardiacos y cerebrovasculares. De hecho, las personas no intervenidas habían mantenido su peso o bajado marginalmente un 1% en cuatro años, y los episodios de ECV eran los mismos de aquellos que habían mejorado su estilo de vida.

Tal vez el tema sea el enfoque con el cual se mide este estudio. Si uno lo revisa en profundidad advierte que los intervenidos sí bajaron de peso, mejoraron su movilidad, redujeron la dependencia de medicamentos para controlar la DM2 y tuvieron menos episodios de apnea del sueño. En concreto, se sintieron mejor pero reducir la incidencia de ataques cardíacos y cerebrovasculares parecen requerir de un estilo de vida a largo plazo y no de una intervención acotada de un año.

Si esta es la explicación, estoy totalmente de acuerdo. Cuando a uno le diagnostican diabetes, con cierta regularidad le piden hacerse un electrocardiograma para ver cómo anda el corazón. Los exámenes de sangre de rutina se repiten cada 3 meses para tener claridad del estado de salud y adelantar cualquier enfermedad. En mis nueve años con DM1 nunca un electro me ha salido malo, pero estoy cierta que eso responde a mi calidad de vida histórica, es decir a los hábitos con los que me formé y que he ido perfeccionando después de ser diagnosticada.

Cuidar la salud vascular pasa por una buena alimentación baja en grasas. El principal enemigo es el colesterol que tapa las arterias, colapsándolas. Por eso, todos estamos llamados a cuidarnos cada vez que abrimos la boca. No se trata de no comer, sino de saber elegir.

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