¿Fast food o tenedor libre?

Sabemos que almorzar o comer en un restorant implica ingerir una mayor cantidad de calorías que si lo hiciéramos en casa. En un local las tentaciones están a la vista, y aunque debemos pagar por ellas, poco importa cuando se junta el hambre con las ganas de comer.
Ahora cuando se trata de establecimientos que expenden alimentos, lejos los más visitados son los fast food. Las hamburguesas, papas fritas, nuggets de pollo -todo aderezado con una buena cuota de ketchup y mayonesa-, bebidas azucaradas y helados de crema resultan sabrosas e irresistibles  ¿Por qué? Porque la grasa, sal y azúcar son adictivas.
Otro sistema que ha captado adeptos es el llamado tenedor libre. En nuestro país estos locales se han ido incrementando hace algún tiempo. Como todo lo que se nos ocurre por una tarifa única es atrayente, sobre todo cuando la oferta es amplia. Una mesa repleta de carnes, ensaladas, verduras, guisos, pastas, pasteles y postres es tentadora, pero cuando sabemos que podemos probar de todo, es aún mayor.
Un estudio encabezado por profesores de la Universidad de Illinois investigaron la conducta de los adolescentes y menores de 11 años frente a estos dos tipos de restorant. Se analizaron nueve mil casos reportados en las encuestas de salud norteamericanas del 2003 y 2008. De esta forma, los adolescentes respondieron qué comieron en las últimas 24 horas, y los padres de los pequeños entre 2 y 11 años lo hicieron por sus hijos.
Se descubrió que en el caso de los jóvenes, entre un 24 y un 42% se alimentaron en un local de fast food, mientras que un 18% lo había hecho en un reciento tenedor libre. En cuanto a los primeros, se identificó que ingirieron una media de 310 calorías diarias extras, y los del tenedor libre, una media de 267 calorías diarias adicionales.
En el caso de los menores, los niños que comieron fast food consumían una media de 160 calorías extra por día, y los que se alimentaron en un buffet, una media de 126 calorías diarias. La diferencia de la ingesta por edad está asociada al control que ejercen los padres sobre los más chicos y al interés que tienen éstos en la comida. Por ejemplo, es usual que un preescolar prefiera jugar a comer, y si lo hace, sea el padre quien le pone la comida en el plato y controle el consumo.
Se concluyó que ambos tipos de restorantes significaban un aumento de la ingesta calórica, pero claramente el tenedor libre implicaba menos calorías puesto que las opciones de almuerzo y cena contemplaban alimentos menos elaborados, sazonados y fritos como ensaladas y verduras cocidas, de allí que el conteo fuera menor.

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