Campañas saludables y daños colaterales

Cada día surgen nuevas estrategias para controlar la obesidad. Estados Unidos es el país más prolífico en aquello, pero aunque parezca contradictorio tanta campaña podría estar ocasionando los efectos contrarios a los deseados.
En general, los mensajes apuntan a mejorar la condición de salud de las personas aumentando el consumo de frutas y verduras, disminuyendo la ingesta de grasas, azúcares y sal, e incrementando la actividad física. Pero al comprobar que la obesidad no se detiene y que por el contrario, tiende a crecer pese a las campañas, los mensajes se vuelven más agresivos, explícitos y condicionantes.
Recordarán el ejemplo de una campaña en Georgia que desató una polémica por indicar a los padres como los principales responsables de la obesidad de sus hijos. Este y otros ejemplos, fueron analizados en un estudio que realizaron profesionales del Centro Rudd de la Universidad de Yale el que tenía como objetivo conocer el efecto que tienen las campañas públicas contra la obesidad en las personas.

Mensajes y “atracones”
Fue así como en el verano de 2011, se encuestaron a 1014 voluntarios que revisaron 10 campañas saludables realizadas por los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. A éstos se les solicitó calificar los anuncios y comentar qué sensación les dejaron estos mensajes.
Los resultados fueron categóricos, la mayoría de las personas calificaba como negativos los anuncios considerando la forma en que se presentaba una idea tan positiva como es mejorar la salud bajando de peso. Los voluntarios con sobrepeso y obesidad admitieron sentir culpa y vergüenza al ver cómo se les juzga en las campañas.
Lo más complejo de esto fue que los investigadores concluyeron que este enfoque podría generar los resultados equivocados, es decir, podría provocar un incremento de la ingesta de calorías en las personas que se sienten culpables y avergonzadas en los anuncios. Esto porque la estigmatización los lleva a comer impulsivamente en forma de “atracones”.
Una encuesta realizada en agosto pasado por Harris Interactive demostró que el 61% de los norteamericanos consideran ofensivos los mensajes saludables elaborados por el gobierno, orientados a motivar una baja de peso.
Frente a este diagnóstico, los investigadores recomiendan cambiar el foco de las campañas, de manera de motivar el cambio de conducta desde un prisma positivo. Ello se lograría cuando los mensajes hacen reflexionar sobre nuestros hábitos, es decir, una suerte de introspección. Entonces, no se trata de decir “no comas esto”, sino de mostrar por qué no es bueno comerlo, de manera de que el receptor entienda que aquello no es bueno para él y genere el cambio como si él mismo se lo hubiera formulado. 

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