La pirámide del gusto: pura azúcar

El fin de semana pasado, en el suplemento Tendencias de La Tercera, se publicó una nota que hace referencia a un estudio realizado por el Observatorio de la Alimentación de la Universidad de Barcelona. En simple, propone que a los adultos nos gusta la misma comida que a los niños: aquella alta en azúcar.
Por mucho que busqué el famoso estudio, no di con él. Sí encontré diversas referencias a la publicación que fue dada a conocer en julio de 2012. De acuerdo a éstas, las personas tendemos a preferir aquellos alimentos altos en hidratos de carbono, preferentemente aquellos simples, que elevan la glicemia más rápido. Por lo general hablamos de helados, papas, arroz blanco y pan blanco.
El gustillo por lo dulce
Esos alimentos o platillos predilectos son lo que se conoce como “pirámide del gusto” y que suele compararse con la pirámide nutricional, aquella que indica qué es saludable comer más allá de nuestra preferencia. El caso es que el gusto no evolucionaría demasiado con el paso de los años, aunque de mayores  probamos muchos más alimentos que los que conocimos de niños.
Un experimento realizado a seis grupos de bebés en distintas partes del mundo, demostró que el gusto por lo dulce es el que predomina, mientras que lo salado puede ser aceptado pero se requiere más concentración y exposición. Lo ácido y amargo es más difícil de incorporar puesto que se asociada a comida descompuesta o a venenos. De allí que los alimentos altos en calorías, generalmente altos en azúcar, son los predilectos.
Los investigadores aseguran que el gusto por lo dulce permanece con los años, esto porque de menores no fuimos capaces de educar el paladar para aprender a aceptar una amplia gama de combinaciones de sabores. Aunque los padres de antes eran menos permisivos que los actuales, las variantes de comidas no eran muchas y si algo no nos gustaba, la mayoría de las veces lo dejábamos.
Hoy esta tendencia tendería a enfatizarse porque los padres trabajadores no tienen tiempo ni energía para educar el paladar de sus hijos, por lo que les ofrecen alternativas de comida probadas. Enseñar a comer de todo, requiere dedicación. Recuerdo, por ejemplo, que cuando era niña mi mamá cambiaba la forma de preparar algo cuando con mi hermano nos negábamos a probarlo. Fue así como terminé comiendo cebolla, acelgas, espinaca, zapallos italianos y pimentón.
Para finalizar un dato interesante citado en el artículo de Tendencias. De acuerdo a una investigación realizada por la Universidad de Chile, los niños de cuatro años consumen un promedio de 31 tipos de verduras, frutas y pescados, contra las 84 opciones disponibles

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