Calorías bajo la lupa

Ponerse en forma es un trabajo diario. Muchas variantes intervienen: las calorías, las grasas, las proteínas, los hidratos de carbono, los gramos, los horarios, etc. Pero qué es más importante. Esa es una de las preguntas que ha llevado a cientos de especialistas en obesidad a investigar con el fin de simplificar la tarea de perder peso.
La mayoría de las dietas se centra en el conteo de calorías. Es una forma relativamente sencilla de cuantificar y sopesar la comida. La ventaja es que nos permite tomar conciencia de los alimentos  y sus porciones. La desventaja es que se requiere una memoria de elefante para memorizar todas las opciones nutricionales. Y aunque recuerden la mayoría de las calorías de lo que comen, de seguro que siempre habrá algo que no pueden cuantificar.
Recuerdo que hace varios años un médico diabetólogo me indicó estudiar las calorías e hidratos de carbono de los alimentos y comidas que más consumía. Cuando iba a la consulta, cada tres meses, me hacía un examen. Por ejemplo, me preguntaba “¿cuántas calorías e hidratos tiene medio pan marraqueta o batido?” y yo debía contestarle. Me hacía tres preguntas cada vez y siempre las cambiaba. Me decía: “a mis alumnos de la universidad les hago el mismo test. Es la única forma que estudien y recuerden”, decía.
Han pasado los años y coincido con él respecto a que es imposible saber todas las calorías de los alimentos, pero sí es útil saber la carga energética de los productos que consumimos a diario. Por ejemplo leche, pan, bebidas, frutas y de las comidas típicas de una semana. Claro, este listado dependerá de nuestro estilo de vida, mientras más acotado es nuestro menú es más fácil recordarlo, pero también será más probable que al cabo de unas semanas detestemos comer siempre lo mismo.
En fin, toda esta reflexión es a propósito de lo poco conscientes que somos en cuanto a calorías. Hace unos días salió publicado un artículo en El Mercurio donde cuantificaban las calorías que consumen los escolares en un recreo. Sorprende observar el listado con los snack típicos y observar que la mayoría está entre 350 y 250 calorías por porción (tres unidades en promedio). Lo preocupante de esto es que el requerimiento calórico de un niño y de un adolescente suele llenarse sólo con la ingesta de estas golosinas, y el resto de los alimentos lamentablemente se guardan como grasa.
Opciones de 200 calorías
Entonces la clave será:
  • Ir a un especialista (nutricionista o nutriólogo) para que nos calcule la cantidad de calorías que debemos consumir por día. Esto estará determinado por nuestra edad, sexo, contextura y actividad física
  • Con ese número debemos hacer un listado de nuestra alimentación, o de la pauta que nos entregará el especialista para perder peso, de ser el caso. Estos alimentos serán los imprescindibles de la semana, por ello investigamos las calorías que contienen. Ojo con los gramos y las formas de presentación. El otro día una nutricionista me decía: “le dije a una sra que comiera media taza de arroz, y no me entendió, hacía media taza cruda, entonces comía una taza de arroz y no media”
  • Otro tips es estudiar equivalencias calóricas, es decir, ver cómo podemos optimizar las calorías que requerimos sin pasarnos y sin pasarlo mal. La idea es ver qué porción de alimentos representan el mismo valor calórico, pero cuya naturaleza es abismantemente distinta. Por ejemplo, una palta mediana tiene 200 calorías, lo mismo que medio queque.

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