Londres: comida sana a precio de oro

Hace poco más de un año, les comenté del  viaje que realizó mi jefe por China. Hace pocos días se repitió el plato, pero esta vez también recorrió Francia e Inglaterra. Hoy les contaré acerca de su experiencia en Londres, en cuanto a la alimentación y la vida saludable.

A precio de oro

Una de las cosas que más le llamó la atención es lo caro que es todo, pero particularmente las frutas y verduras, es decir, los alimentos saludables. Por ejemplo, un plátano costaba 81 peniques, unos 500 pesos chilenos. De ello concluimos por qué la alimentación inglesa es tan poco equilibrada.
La mayoría de los productos sanos se importan, de allí que en un supermercado se puedan encontrar una gran variedad de vegetales congelados que por supuesto no tienen el sabor de los naturales que nosotros tenemos la fortuna de comprar en las ferias libres. Pasa lo mismo con las frutas que suelen ser desabridas y excesivamente caras.
Mercado londinense con frutas a precio de oro

Comer sano es extremadamente costoso. Por ello los carritos de con comida callejera proliferan en Londres. El pescado frito con papas fritas es lo más vendido. Por el frío no culpo a los ingleses que compran esta suerte de snack bien caliente, pero a la vez bien calórico. En los restorantes se repite lo mismo, mucha carne y alimentos fritos, y pastelería de postre. Las verduras se reducen a un puré de papas o de arvejas.
Comer sano está reservado para las elittes. Las verduras y frutas están en los menús de las personas cuyos salarios son altos, pero el promedio de los londinenses comen en la medida de su presupuesto que no les permite disfrutar de alimentos saludables. 

Fish and chips en restorant

El sueldo mínimo de allá son 1.500 libras (poco más de un millón de pesos de acá) pero equivale al sueldo mínimo de acá, uno 190 mil pesos, porque todo es tan caro que no alcanza para mucho. Sólo como ejemplo; una ensalada básica (hojas de lechuga, tomates y palta) cuesta unos ocho mil pesos chilenos.

Desayuno y cena: pura grasa

Otro factor importante es la jornada laboral. Las personas llegan antes de las 7 de la mañana a trabajar y salen cerca de las 10 de la noche. Sólo al mediodía se toman media hora para comer un snack. Comer rápido es la consigna. Ese horario transforma al desayuno y a la cena en los platos fuertes.
El desayuno es altamente calórico y grasoso: huevos, tocino y papas fritas, porotos, salchichas y tortillas de trigo con un café (una bomba para el sistema digestivo); y la cena es bastante similar aunque con algunas variaciones como puré de papas o algunas verduras (papas y zanahoria) cocidas, pero no más que eso.

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