Perderse en un supermercado

Cuando era niña siempre me perdía en el supermercado. Era pequeña y era entendible, pero ahora de adulta me ocurre lo mismo. Siempre me mareo entre tanto producto y con frecuencia no encuentro lo que necesito, Ahora, peor si voy a uno de esos locales donde cambian las cosas cada 10 días.
Una vez que uno encuentra un establecimiento que satisface nuestros requerimientos, no se cambia. En mi caso los requisitos son variedad, precio y accesibilidad. No saco nada con llegar a un lugar con degustaciones que no puedo probar (me pasa siempre con los licores, las cosas dulces o con gluten), buena música, linda decoración si no encuentro lo que necesito: mis productos mega ultra específicos, es decir, harinas de arroz, galletas sin gluten ni azúcar, bebidas certificadas por Convivir y un mar de cosas ultra caras. Por eso el precio es clave, sé que un paquete de espirales de arroz no valen lo mismo que uno de trigo, pero por favor, no me cobren 4 veces el precio normal!
Pensaba en ello cuando leí un artículo de Club Darwin acerca de la importancia de ubicar en un lugar adecuado los productos en un supermercado. La nota que les menciono comentaba una investigación acerca de cuál era el sitio más indicado para posicionar un producto que recién se lanza al mercado, por supuesto, desde la óptica del productor. La consigna es atraer la atención a través de un mensaje simple y recordable. Por eso en Estados Unidos una empresa gasta en promedio entre 15 y 60 millones de dólares en marketing en un lanzamiento, mientras que existe sólo un 10% de posibilidades de tener éxito con el nuevo “chiche”.
El estudio utilizaba el término “encontrabilidad” como la capacidad del consumidor de encontrar un producto en una tienda. Para “ayudarlo” se suelen ordenar por categoría (lácteos, abarrotes, perfumería, bebidas, panadería, etc.) y además se utilizan las llamadas góndolas donde se ponen las ofertas. También las cabeceras cercanas a las cajas registradoras se ven atestadas de cosas inútiles que representan una tentación como galletas y chocolates.
Me ha pasado que cuando visito el pasillo de las cosas “light” o “naturales” como le denominan, me doy inmediatamente cuenta si hay algo nuevo. Me sé de memoria donde están las cosas para diabéticos y para celiacos. Siempre lo más top -fórmulas y marcas probadas- están a la altura de los ojos y las “alternativas” o productos menos consumidos, se ubican en lo alto de la estantería. 
Sería mentira si dijera que no tomo lo nuevo, pero hay una gran diferencia entre mirarlo y comprarlo. En mi caso lo más confiable es leer el etiquetado con lupa, de manera de asegurarme que no hay gluten ni azúcar. Otro tip es mirar la tabla nutricional, identificar las porciones y en función de ello calcular las calorías e hidratos de carbono. Y por supuesto, verificar los precios de las alternativas para ponderar si pagar más por el  nuevo producto vale la pena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s