Menopausia y peso

Uno de los temas más controversiales es la evolución del peso corporal en mujeres menopausicas. Mientras algunos médicos justifican las alzas de peso en el trastorno hormonal que significa este proceso, otros responsabilizan a las pacientes de sus kilos de más.
Por lo general las mujeres entre 40 y 50 años se acercan a su médico al comprobar que sus ciclos menstruales son escasos y discontinuos, lo que es propio del climaterio (etapa que antecede a la menopausia como tal que es el término permanente de la regla). Esto se ve acompañado de una serie de síntomas como bochornos, sudoración, irritabilidad y dolores de cabeza. A ello, hay que agregar que un número significativo de pacientes reporta aumento de peso. 
Hay tantas opiniones como ginecólogos. Mientras algunos indican Tratamiento Hormonal Sustitutivo (THS) otros evitan esta medicación porque se ha relacionado con el desarrollo de cáncer cérvico-uterino, por lo que recetan ciertos antidepresivos. Independiente de aquello, algunas pacientes culpan a las llamadas “hormonas” de su aumento de peso; y aquellas que no toman fármacos responsabilizan al proceso como tal.
Dada la carencia de estudios en esta materia, un equipo multidisciplinario de la Universidad de Laval de Canadá estudió la conducta alimentaria de mujeres premenopausicas, individualizando tres factores como son la restricción calórica, la desinhibición frente a la comida y la sensación de hambre. Se les solicitó a las voluntarias hacer un diario de comidas, lo que implicaba un trabajo de auto evaluación implícito.
Se descubrió que el aumento de la grasa corporal y su redistribución estaban asociados a un incremento de episodios de “antojo” de bocadillos después de las 5 de la tarde. Estas ingestas solían ser productos dulces o salados de alta densidad calórica que eran consumidos con rapidez y desinhibición.
El aumento de la grasa corporal en función de la edad ha sido ampliamente estudiado. Se sabe que a los 20 años las mujeres tienen un promedio de un 26%, mientras que a los 40 años la cifra sube a un 33% y a los 50 años a un 42%. Con esta investigación podría explicarse este incremento a dos factores: al desorden alimentario pre-nocturno y a los cambios hormonales que aumentan la ansiedad, y por tanto, el hambre.

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