Suben ventas de productos "light"

Aunque el consumidor chileno no conozca la diferencia entre un producto diet y uno bajo en grasa, claramente lo compra igual. Sea moda o no, los chilenos hemos integrado los llamados alimentos “formato light” a nuestras vidas. Así lo demuestra un estudio dado a conocer por la consultora Nielsen, respecto a la ventas de este tipo de productos en supermercados y la penetración que ha tenido esta tendencia en el negocio alimentario.
Las cifras no dejan de sorprender. El 2011 se detectó que un 15% de las ventas de alimentos en supermercados corresponden a productos caratulados como descremados, semi-descremados, diet, light, integrales, bajo en colesterol y otros. Lo que representa un incremento sostenido de este nicho en los últimos cinco años.
Lo “light” la lleva
De acuerdo a los antecedentes dados a conocer por la consultora, el 35% de los alimentos que se venden envasados son light, es decir, han visto alterada su elaboración con el fin de reducir las concentraciones de sal, azúcar o grasa o todas ellas, lo que incide en el total de calorías. Un 29% de los lácteos y  un 25% de los bebestibles han experimentado un proceso similar.
Si se trata de identificar qué productos tienen mayor venta, considerando su formato light, los refrescos arrasan con un 51%. Le siguen la leche en polvo con un 45%, las margarinas con un 43%, las mermeladas con un 42%, la leche líquida con un 40%, el pan envasado con un 40%, las bebidas gaseosas con un 29%, la mayonesa con un 28%, los yogur con un 25%, los postres en polvo con un 23%, los néctar con un 20% y  quesos con un 1%.
Hoy casi todo está replicado en su versión saludable. Claramente las campañas por una alimentación sana han comenzado a dar resultados esperados -al menos- en la industria alimentaria. Siempre se dijo que en la medida que existiera una oferta saludable habrían consumidores saludables; y todo parece indicar que es así.
En un principio, los productores de alimentos se negaban a cambiar la composición de sus ingredientes, considerando que el grado de sodio, sal y grasa que tienen los productos los hace más atractivos al paladar de los consumidores. Asimismo, el rebajar estas concentraciones implicaba suplir varios aditivos, lo que significaba incurrir en costos adicionales.
Al parecer la industria se ha sumado al cambio y lo ha visto como una oportunidad. Hoy muchas más personas tienen conciencia nutricional, por lo que los potenciales clientes saludables aumentan día a día. Además, la epidemia de obesidad y de enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes y la hipertensión han reforzado el mensaje que comer sano, no es una opción, sino una obligación con nuestra salud.

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