Los campamentos como estrategia de pérdida de peso

¿Qué se nos viene a la memoria cuando pensamos en los típicos campamentos de verano? Niños gorditos saltando la cuerda, cuentos de terror contados a la luz de una linterna, largas filas de campistas esperando su turno para recibir su almuerzo en un día a todo sol. Bueno, eso y mucho más hay en estas intervenciones ya absolutamente validadas en la cultura norteamericana.
Existen campamentos para todas las edades y objetivos. Una de las opciones más replicadas han sido los campamentos orientados a menores con enfermedades crónicas como asma bronquial, diabetes mellitus tipo 1 (DM1) y obesidad. En este último caso, la revista Pediatrics publicó un estudio en marzo de 2010, donde se evalúa la efectividad de este tipo de herramienta para el control del peso.

El Departamento de Pediatría de la Universidad de Washington analizó el prototipo de los Camp Jump Start que desde el 2002 se realizan en Estados Unidos y Canadá. En ellos participan niños y adolescentes con distintos grados de sobrepeso, quienes logran cambios significativos en su metabolismo luego de participar en campamentos de verano que se extienden por un mínimo de cuatro semanas.

El estudio revisó le experiencia de 76 niños y adolescentes (de 10 a 18 años) en campamentos realizados en el verano de 2007 por un lapso de cuatro a ocho semanas. En estas sesiones los menores participaron de actividad física estructuradas y no estructuradas, de clases de nutrición (conteo de calorías, elección de snack saludables, porciones, interpretación de etiquetado nutricional) y talleres de autoestima. Además se les entregó una dieta balanceada de 1500 calorías fraccionadas en tres comidas principales de 400 calorías y dos snack de 150 calorías.

Lo resultados indicaron que existen cambios importantes en la conformación metabólica (Índice de Masa Corporal, presión sanguínea y resistencia en carrera de una milla) de estos niños tras la experiencia. Aquellos que habían estado más tiempo (2 meses) tenían mayores cambios que los que habían acampado un mes, y siempre los varones experimentaron mejores resultados que las mujeres. 
Inicialmente, un 92% de los campistas de un mes presentaba obesidad, un 6% sobrepeso y un 2% estaban en la escala normal. Luego de terminada la experiencia, un 78% tenía obesidad, un 17% sobrepeso y un 5% normal. En el caso de los dos meses, un 40% era obeso, un 20% tenía sobrepeso y un 40% eran normales. Al terminar el campamento, un 22% seguía siendo obeso, un 16% mantenía sobrepeso y un 62% se encontraba en los parámetros normales.

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