Un paseo por Europa…y su cultura nutricional

Un típico café en París
Hace unos día llegó un amigo de Europa. Antes de irse le había hecho el encargo que se fijara en la alimentación de cada país que visitara y en la contextura física de sus habitantes. Ahora con la entrevista ok y con las fotos que me mandó, les relataré algunas de las vivencias que él me traspasó.
En general, todo parece indicar que los europeos son amantes de la “buena mesa” y sus figuras estilizadas responden al ejercicio físico que hacen todos los días caminando o andando en bicicleta. Las ciudades se han ido adaptando a la necesidad de movilizarse sin utilizar automóvil. 

La bicicleta es “el” medio de transporte porque es barato, práctico y masivo. En cada esquina se puede arrendar una para turistear, hacer trámites o ir a trabajar. También es seguro estacionarlas, existen ciclovías y los automovilistas respetan a los ciclistas como éstos a los que andan en cuatro ruedas.
Amsterdam, la ciudad de las bicicletas
Su paseo por España, Francia, Holanda, Italia, Bélgica, Austria y Alemania, le permitió reconocer distintas realidades, distintos tipos de comida, pero con ciertas similitudes. El amor por la comida chatarra está en todas partes, si en España se llaman tapas, en Francia se trata de pastelería, en Holanda de frituras o en Italia de helados.
Un puesto de frutas en París

La fast food se adapta a la cocina criolla. Predomina la venta de comida al paso como sandwich, pizza y pasteles de hoja rellenos con queso o preparaciones dulces. Los quioskos no venden golosinas, sino que estos snacks que pueden ser acompañados de cerveza o cafés con crema.

Ocurre que la “comida” propiamente tal tiene un alto costo si se la compara con la callejera que no escapa de los 4 euros (dos mil 600 pesos). Un platillo promedio cuesta sobre 12 mil pesos chilenos (20 euros), lo que no resulta nada conveniente al menos para los turistas, y al parecer también para los lugareños que atestan cafeterías a distintas horas del día.

Un quiosko callejero en Bruselas
Un caso a destacar es el de Italia. Como mi amigo viajó en pleno verano, los jugos de fruta estaban a la orden del día. La sandía es la reina de la temporada y adorna las más variadas preparaciones. Nada más fresco que un trozo de sandía para aguantar el calor. Asimismo, si se trata de beber, las bebidas light no tienen la popularidad que en nuestro país. Me explicaba que la cerveza, el agua embotellada y las bebidas normales es lo que se lleva.

Independiente de todo aquello, mi amigo tiene la convicción que la genética de los europeos influye mucho en sus figuras espigadas porque en ningún caso toda la actividad física que realizan puede compensar la dieta ultra calórica que llevan. No deja de despertar sana envidia, no?

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