Qué hacer cuando los niños dicen "No tengo hambre"

Cientos, miles de veces ha pasado que sentamos a nuestro hijos a la mesa para que desayunen, almuercen o cenen y nos dicen: “no tengo hambre”. Por lo general, la primera reacción de los padres es creer que los niños los están manipulando y que  no quieren comer lo que les ponen al frente, pero si cambiaran el menú por su comida favorita, la reacción sería otra.
La sicóloga norteamericana Dina Rose en su blog It’s not about nutrition: the art and science of teaching kids to eat rightpublicó hace unos días un post acerca del que llama “dilema del hambre”. La autora nos explica qué quieren decir realmente los niños cuando aseguran no tener hambre. 
Rose parte de la premisa que los menores cuando se trata de comida, entre muchas otras cosas, nunca se expresan bien. En general, la sicóloga asegura que la mayoría de los niños utiliza el lenguaje económicamente dando por hecho que sus padres lo interpretarán bien. Cuando dicen “no tengo hambre” pueden en realidad querer decir “no quiero comer ahora porque estoy entretenido jugando” o “no quiero comer ese pollo porque he comido pollo toda la semana y ya estoy aburrido”, y así un sinfín de opciones.
Las frases “no tengo hambre” y “no me gusta” dan cuenta de dos justificaciones validadas por los adultos para  no comer y permitir no comer: la inapetencia y  el desagrado. Entre paréntesis, en el caso de mis padres no corría la segunda justificación, porque sólo valía la inapetencia que era sinónimo de enfermedad. Volviendo a Rose, estas frases son usadas por los niños -a juicio de esta sicóloga- porque son validadas por los adultos. 
La mayoría de las veces los padres al escuchar esta explicación la interpretan como una expresión que viene de un adulto y no piensan que responde a la economía de palabras infantil. Frente a esto, la autora entrega dos opciones: transformarse en lectores de mente o educar a nuestros hijos a comunicarse debidamente. Cuando los niños se expresan mejor, los padres tienen más y mejor información para reaccionar, y lo niños se sienten entendidos y motivados a hablar más y mejor.
Se requiere paciencia para enseñar a comunicarse. Creo que parte de este ejercicio podría incluir enseñarles los nombres de los alimentos y comidas, y explicarles por qué deben comer lo que les ofrecemos. Es distinto decir: “debes comer porque es la hora de la cena”, que decir “debes comer esta cazuela porque te dará fuerzas para jugar”. Por ello, como adultos debemos partir por mejorar nuestro lenguaje y estimular a los más pequeños a expresarse adecuadamente y a conocer lo que comemos, no?

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