Guerra contra la leche saborizada

Una batalla campal se registra en Estados Unidos. El gobierno de Obama, los gobiernos federales, la industria láctea y las organizaciones de padres y apoderados se encuentran enfrentados tras la idea de eliminar la leche saborizada de los desayunos escolares. Mientras unos aseguran que este alimento no representa  ningún beneficio para la salud de los niños, los otros acusan de “ortorexia” a las autoridades que buscan regular la alimentación.

La polémica no es nueva. Desde el 2009 y en la medida que se han ido actualizando las estadísticas sobre obesidad infantil, nutricionistas, médicos y organizaciones de consumidores han puesto en entredicho el contenido de las leches con sabor (chocolatadas principalmente, y con frutilla en menor volumen). Se las acusaba de contener cantidades importantes de colorantes, preservantes, azúcar y aditivos, jarabe de maíz de alta fructosa, y de carecer de calcio y vitamina A y D.
Cabe consignar que la leche de vaca en sí misma tiene lactosa (azúcar de la leche), por lo que si se le adiciona cualquier tipo de azúcar (fructosa, sacarosa, glucosa, etc.) la leche se transforma en un brevaje relajante. Esta “miel” es la que ha vuelto adictos a los niños que no conocen y rechazan de plano tomar leche blanca  y peor aún si es sin ningún tipo de dulzor.
Entre el 2010 y a principios de este año, han sido numerosos los estados que han legislado sobre esta materia, considerando que la educación, y las colaciones infantiles, dependen de estas unidades administrativas. En Columbia sólo se permitió la entrega de leche descremada, en Berkeley se eliminó la leche chocolatada, y en Florida aún se estudia qué decisión tomar.

Lo cierto es que la industria alimentaria  ha utilizado como principal argumento a su favor la disminución del consumo de leche en aquellos estados donde fueron reemplazadas las partidas de leche saborizada por blanca-entera, blanca-descremada o blanca-semidescremada. En un 35% habría bajado la ingesta de este alimento, luego que los menores se negaran a beberla en su estado más puro. El 71% de la población escolar ingiere leche con sabor y la blanca no supera el 2,3%, de allí que esta realidad se viera agravada con la implementación de esta política.

Se denuncia que esta suerte de “ortorexia”  (gente obsesionada con el derecho a decir qué es saludable y que impone esta criterio al resto) hará que miles de niños vean perjudicada su salud al no consumir las cantidades necesarias de calcio a través de la leche. Se apela a aquellos menores que reciben gratuitamente los desayunos escolares y que han dejado de ingerir la leche chocolatada que diariamente bebían.
Jamie Oliver también ha participado de esta polémica. En el marco de Jamie’s Food Revolution investigó la comida que se entrega a las escuelas y analizó el valor nutricional de los principales desayunos y almuerzos. A la luz de los resultados y de sus ácidos comentarios, se dio por finalizado su programa de intervención en los colegios norteamericanos.

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