¿Por qué somos obesos? El trabajo es el culpable

Una de las preguntas que siempre me hago es por qué nuestros padres o abuelos no padecían de obesidad si comer era una actividad central en sus vidas. Parte de esta respuesta podría encontrarla en los resultados de un estudio realizado en Estados Unidos, donde se relacionaron los cambios que ha experimentado el mundo del trabajo y como ello ha influido en el gasto energético.
Recuerdo que mi abuelo llegaba a almorzar a su casa a la una en punto y a las dos de la tarde estaba listo para regresar al trabajo. Él era litógrafo en una imprenta y siempre me llamó la atención que comiera tanto (todos los días una entrada, cazuela, plato de fondo, postre y pan amasado) y fuera delgado.Claramente no se pasaba todo el día detrás de un escritorio, estaba detrás de las máquinas y subía y bajaba pisos de la fábrica con insumos nada de livianos.
Un estudio realizado por científicos del Pennington Biomedial Research Center de Lousiana y publicado por PLos One reveló que en los últimos cincuenta años el desgaste energético diario de un norteamericano promedio ha disminuido entre 120 y 140 calorías. Ello iría de la mano de los cambios en la rutina laboral puesto que en 1960 uno de cada dos empleos implicaba algún esfuerzo físico moderado a fuerte, mientras que en el 2008 uno de cada cinco trabajos requiere algún desgaste energético mínimo.
El 20% de la oferta laboral actual corresponde a oficios que se realizan al aire libre y que requieren estar de pie, caminar o aplicar fuerza. Entre éstos están los albañiles, gásfiter, eléctricos, repartidos de correo, temporeros, agricultores y operarios de máquinas. No obstante, el 80% de la fuerza laboral sólo requiere un computador y el movimiento de nuestros dedos sobre el teclado.
Internet ha limitado el desgaste energético. La gente hoy no camina para hablar con sus colegas o jefes porque el e-mail ha suplido este acto y ya no es necesario ir a la biblioteca para pedir un libro o investigar un tema. Las largas horas de trabajo tampoco permiten que en el tiempo libre los trabajadores realicen deporte o actividades de desgaste físico moderado como jardinear o realizar mejoras en el hogar. El transporte también ha influido puesto que la masificación del automóvil redujo las caminatas, y lo propio ha hecho la televisión que ha motivado a millones de personas a quedarse sentadas en el sofá.
Un estudio realizado en Londres demostró que los choferes de la locomoción colectiva eran uno de los grupos más propensos a desarrollar enfermedades cardiovasculares. El estar todo el día sentados durante largos turnos que no les permiten hacer las pausas necesarias para comer, ir al baño o caminar, incidía en su condición física que era altamente propensa a la obesidad.
La rutina de nuestros trabajos pro sedentarismo es uno factores que explican la epidemia de sobrepeso, pero no el único. La dieta y el estilo de vida complementan esta trilogía. Tal vez las estrategias para combatir la obesidad deberían también considerar introducir incentivos laborales para fomentar el ejercicio físico como entregar bonos para que los empleados asistan al gimnasio regularmente o tal vez organizar campeonatos deportivos entre distintas unidades.

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