Estudio cuestiona intervenciones en Australia

Pueden parecer malas noticias, pero lo importante es aprender de todas las experiencias. Cuando se trata de contener la epidemia de obesidad y sus enfermedades asociadas, las naciones se encuentran haciendo múltiples esfuerzos para implementar estrategias saludables en su población. Pues bien, un estudio realizado en Australia llegó a la conclusión que aquellas intervenciones que promueven el consumo de frutas y verduras no son efectivas, por el contrario, presentan más costos que beneficios.
En noviembre de 2010, la revista PloS One publicó una investigación de la Universidad de Queensland de Australia titulada “Costos beneficios de las intervenciones que promueven el consumo de frutas y verduras“. En ella, se analizaron 23 campañas realizadas entre abril de 2004 y mayo de 2009 en ese país que tenían por objetivo aumentar el consumo de hortalizas y frutas.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un adulto debería ingerir como mínimo 7 unidades de frutas o verduras por día (600 gramos), sin embargo, un 94% de los australianos no siguen esta recomendación. Por ello, los investigadores se propusieron analizar el impacto que tuvieron tales intervenciones en la salud de la población, considerando que 2,7 millones de personas mueren por año en ese país por enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y cáncer, condiciones vinculadas al bajo consumo de estos nutrientes.
Las campañas estudiadas consideraron asesoría a la población en general y a ciertos grupos específicos como personas de bajos ingresos y con enfermedades preexistentes (8 al público en general, 1 en un supermercado, 7 en lugares de trabajo, 3 en hospitales y 4 a personas con ingresos precarios o con preexistencia). Las estrategias utilizadas consideraban asesoría cara a cara de un nutrionista o médico, asesoría vía internet, asesoría telefónica, entrega de folletos impresos donde se motiva el citado consumo, incentivos económicos y actividades recreacionales, entre otras.
Conclusiones
El estudio llegó a la conclusión que en general las intervenciones de este tipo tienen bajo potencial para mejorar la salud de la población y por el contrario, presentan costos relativamente altos. De los 23 ejemplos, sólo 5 resultaron rentables (menos de 50 mil dólares australianos en total); y la estrategia más eficaz (incentivo económico) sólo influiría en la disminución de enfermedades cardio y cerebrovasculares y cáncer en un 5%.
Cada estrategia presentó sus pros y contras, no obstante existió cierto concenso en que aquellas que utilizaban la comunicación cara a cara tendían a tener mejores resultados en el tiempo en cuanto a hábitos alimenticios (mayor consumo de hortalizas y frutas). Frente a este panorama, los científicos recomendaron formular políticas públicas tributarias que incentiven la compra de estos productos, puesto que las asesorías nutricionales o el contar con material didáctico que refuerce un concepto, no es suficiente. Por el contrario, decisiones basadas en criterios económicos tienden a generar un cambio de conducta sostenible en el tiempo.

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